Skip to content
Menu

La violencia política digital no puede entenderse como un fenómeno aislado de misoginia, sino como un entramado interseccional donde convergen racismo, clasismo e ideología. Cuando una persona  acumula más características que lo hacen vulnerable —por ejemplo, ser mujer, indígena y de origen popular—, la violencia se intensifica.

La Fundación InternetBolivia.org, a través del Centro S.O.S. Digital, en articulación con MonitorA —observatorio de violencia política y electoral en redes sociales contra candidatas y candidatos, desarrollado en Brasil por el Instituto AzMina e InternetLab, con el apoyo del IDRC y en colaboración con Núcleo de Periodismo— lleva adelante una investigación orientada a profundizar la comprensión de las expresiones discursivas de violencia política digital mediante un monitoreo sistemático de redes sociales en el periodo electoral.

En este sentido, las candidatas bolivianas enfrentan ataques que no sólo cuestionan su género, sino también su clase social, su identidad étnica y sus posiciones políticas, configurando múltiples capas de exclusión. Asimismo, la ideología política opera como un eje central de ataque, los discursos hostiles no se limitan a cuestionar programas o afiliaciones partidarias, sino que fusionan estas críticas con insultos sexistas, debilitando la legitimidad de las candidatas y reduciéndose a objetos de descrédito público.

Los hallazgos muestran que los insultos más frecuentes se sostienen en estereotipos misóginos y sexuales que buscan deslegitimar la participación política de las mujeres, trasladando la discusión de lo público a lo íntimo. A partir del análisis se identificaron cuatro patrones principales:

La raza, el género y la ideología atraviesan la violencia dirigida a las candidatas.
La violencia política digital se nutre de normas patriarcales que niegan la autonomía política de las mujeres.
El discurso misógino también se proyecta hacia los hombres, situándolos en una posición de inferioridad al asociarlos con atributos considerados “femeninos”.
La acumulación de rasgos de vulnerabilidad produce un efecto interseccional que intensifica la violencia hacia quienes concentran múltiples formas de exclusión.

Estos resultados evidencian que la violencia política digital en Bolivia no puede comprenderse únicamente como un fenómeno de misoginia, sino como una práctica estructural e interseccional que combina racismo, clasismo, ideología y normas patriarcales. En consecuencia, constituye un obstáculo directo para el ejercicio democrático de los derechos políticos de las mujeres.

Algunos hallazgos importantes:

La violencia política digital se expresa a través de comentarios y agresiones misóginas que usan estereotipos de género —psicológicos y sexuales— para deslegitimar y silenciar a las mujeres en espacios de poder y decisión.

Los insultos más frecuentes, como “loca”, “amante” o “perra”, muestran cómo el lenguaje funciona como un mecanismo de control simbólico:

“Loca”: estereotipo psicológico que asocia a las mujeres con irracionalidad, emotividad desbordada y falta de lógica, invalidando cualquier postura crítica o disruptiva bajo la idea de una supuesta “inestabilidad mental”.
“Amante” y “perra”: estereotipos sexuales que reducen a las mujeres a su vida íntima, insinuando que su participación política depende de relaciones con hombres y no de convicciones propias. Estos ataques trasladan el debate político a la esfera privada, despojando de legitimidad la acción pública de las mujeres.

Además, los insultos feminizados se utilizan también contra hombres políticos. No son una crítica neutral, sino una estrategia para deslegitimarlos al asociarlos con lo “femenino”. En un marco patriarcal donde lo masculino se entiende como racional, fuerte y superior, llamar a un hombre “loca” o “perra” lo degrada, reforzando la idea de que lo femenino ocupa un lugar inferior en la jerarquía del poder.

En conjunto, estos hallazgos muestran que la violencia política digital:

Reproduce estructuras jerárquicas de dominación masculina.
Limita la participación política de las mujeres.
Consolida desigualdades históricas en el ámbito digital y en la esfera pública.

La misoginia, así, se revela como un instrumento central para mantener relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres.

Gráfico No 1. Frecuencia de términos más utilizados en la categoría de misoginia

Fuente: Elaboración propia con los datos extraídos de los comentarios de Youtube

El análisis manual de comentarios ofensivos contra 28 candidatas a las elecciones de 2025, realizado a partir del monitoreo de entrevistas en las que participaron, buscó responder a las preguntas: ¿de qué manera se da la violencia política digital y qué factores intervienen en ella? A partir de la data recolectada, este primer reporte desarrolla los cuatro casos de candidatas que recibieron mayor cantidad de comentarios ofensivos en los espacios monitoreados: Eva Copa (101), Mariana Prado (229), Soledad Chapetón (20) y Susana Bejarano (33).

El estudio permitió reconocer y destacar patrones reiterados de violencia ejercida contra las candidatas. Entre los principales resultados se evidenció que las agresiones se concentraron, sobre todo, en una perspectiva misógina, donde la sexualidad y el género tuvieron un papel predominante. De igual manera, factores como la raza, el género y la ideología se hicieron presentes en la violencia política digital recibida, la cual no se manifestó de forma aislada, sino mediante acciones coordinadas y con dinámicas repetitivas. También se identificó la utilización de recursos como símbolos especiales y emoticonos para enmascarar insultos y evadir los filtros de las plataformas digitales; esta táctica, a su vez, favoreció la propagación de la violencia, ya que usuarios y usuarias replicaban los mismos mensajes en diversas entrevistas. El análisis igualmente reveló que cuando una persona concentra múltiples factores de vulnerabilidad, no experimenta sólo una acumulación de violencias, sino una agresión más profunda y particular que emerge de la intersección de esas opresiones. En un sentido más general, la violencia política digital se sostiene en normas patriarcales que buscan negar la autonomía política de las mujeres. A continuación se expone la metodología utilizada y el análisis de los casos.

El análisis de caso muestra también que gran parte de las expresiones violentas fueron tergiversadas o sacadas de contexto, lo que evidencia un patrón deliberado de manipulación discursiva. Estos ataques no son episodios aislados, sino prácticas sostenidas y coordinadas, con mensajes replicados en distintas plataformas, frecuentemente modificados con emojis o caracteres especiales para evadir los filtros de las redes. Esto refuerza la evidencia de una violencia política digital de carácter sistémico y organizado.

cloud

En síntesis, la violencia política digital hacia mujeres en Bolivia se alimenta de normas patriarcales que niegan su autonomía política y refuerza jerarquías de género, raza y clase. Su carácter interseccional, mediático y coordinado exige respuestas integrales que permitan proteger a las candidatas y garantizar un debate político más justo, democrático e inclusivo.

lpjm

Lo qué viene después:

Este es el primer informe de una investigación más amplia sobre violencia política digital. Mantente atenta y atento para recibir futuras actualizaciones del estudio.»